El sector orujero alcanzó en 2024 una facturación de 860,2 millones de euros, un 37,1% más que en el ejercicio anterior. Durante la campaña 2023/2024 produjo 112.974 toneladas de Aceite de Orujo de Oliva y mantuvo 18.000 puestos de trabajo. A estas cifras se suma una clara dimensión exterior, con más de 104.660 toneladas exportadas y presencia estable en más de 130 países.
Su impacto va mucho más allá de la producción. La actividad industrial que desarrolla genera riqueza, impulsa la economía circular, favorece la fijación de población en el territorio y mantiene una importante proyección internacional. Los datos de nuestro Informe Anual ORIVA 2024 reflejan la dimensión de un sector que continúa consolidándose como uno de los pilares del ecosistema oleícola español.
¿Qué peso tiene el sector del aceite de orujo en la economía española?
La facturación del sector creció un 37,1 % en 2024, hasta alcanzar los 860,2 millones de euros, cifras aportadas por la Asociación Nacional de Empresas de Aceite de Orujo de Oliva, ANEO, e incluidos en nuestro informe.
La evolución económica estuvo acompañada por una recuperación de la producción. Después de una campaña 2022/2023 especialmente reducida, en la que se obtuvieron 99.430 toneladas de Aceite de Orujo de Oliva, la campaña siguiente alcanzó las 112.974 toneladas. Este resultado representa un incremento del 13,6 % y acerca de nuevo la producción a la media de las cinco campañas anteriores, situada en torno a las 121.000 toneladas, según la Agencia de Información y Control Alimentarios, AICA.
También aumentaron las ventas en el mercado nacional. Según la Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites Comestibles, ANIERAC, durante la campaña 2023/2024 se comercializaron 27,9 millones de litros de Aceite de Orujo de Oliva envasado. El volumen supone un crecimiento del 45,8 % respecto a la campaña anterior. Si se toma como referencia el año natural, las ventas pasaron de 20,9 millones de litros en 2023 a 27,1 millones en 2024. El incremento anual fue del 29,4 %, lo que confirma el avance de la categoría en el mercado interior.
Más allá de estas cifras, el sector representa una actividad económica que dinamiza numerosas empresas, industrias y servicios auxiliares vinculados al olivar, contribuyendo a fortalecer el tejido productivo de muchas comarcas agrícolas.
El tejido industrial: dónde se produce el aceite de orujo.
La fortaleza del sector también se refleja en su implantación territorial. Durante 2024, el tejido industrial declarado a ORIVA estuvo formado por 50 centros extractores, 11 refinerías, además de operadores con y sin instalación propia. La mayor parte de estos centros se concentra en Andalucía, aunque también existe actividad industrial en Castilla-La Mancha, Cataluña y Extremadura, donde Murcia y Navarra completarían la distribución territorial.
Muchas de estas instalaciones se ubican en pequeñas y medianas poblaciones próximas a las zonas de producción. Esta cercanía facilita el tratamiento de la materia prima generada durante la elaboración de los aceites de oliva y mantiene el valor económico dentro de las comarcas vinculadas al olivar. La implantación territorial del sector también crea actividad para empresas auxiliares, y es que, el funcionamiento de las instalaciones requiere servicios de mantenimiento, transporte y suministro industrial. De este modo, su impacto se extiende mucho más allá de los puestos de trabajo vinculados directamente a las plantas.
Por qué el sector orujero fija población en el territorio.
La ubicación de las instalaciones convierte al sector orujero en una actividad estrechamente vinculada al medio rural. La mayoría de los centros se encuentra cerca de las almazaras y de las principales zonas olivareras, en pequeñas y medianas poblaciones donde la industria agroalimentaria tiene un peso relevante.
Esta implantación amplía la actividad económica de municipios muy ligados al trabajo agrícola. Las plantas incorporan perfiles industriales y técnicos, al tiempo que generan demanda para empresas de transporte, mantenimiento y otros servicios auxiliares. De este modo, el sector crea nuevas oportunidades profesionales alrededor del olivar y refuerza el tejido empresarial local.
El vínculo entre industria orujera y despoblación rural.
La industria orujera desarrolla su actividad en municipios estrechamente ligados al olivar, donde genera empleo directo e indirecto, impulsa servicios auxiliares y favorece la actividad económica de otras empresas en el mismo entorno. Su presencia contribuye a diversificar la economía local y a reforzar el tejido empresarial de municipios que, en muchos casos, encuentran en el sector agroalimentario uno de sus principales motores de desarrollo.
El aprovechamiento integral genera actividad económica.
La industria orujera forma parte del modelo de aprovechamiento integral del olivar. Su actividad permite tratar el alpeorujo generado en las almazaras y recuperar recursos que pueden incorporarse a distintos procesos productivos. Durante la campaña 2023/2024, el sector valorizó 4,3 millones de toneladas de alpeorujo u orujo graso húmedo, según datos de AICA valorados por ANEO. Esta capacidad de tratamiento resulta esencial para dar continuidad al funcionamiento de la cadena oleícola.
Además, el proceso también permite obtener biomasa procedente del olivar. En esa misma campaña, la industria generó más de 1,3 millones de toneladas de orujillo y 339.540 toneladas de hueso de aceituna. Una parte se utiliza en las propias extractoras y el resto se destina a comercialización. Este modelo de aprovechamiento refuerza la sostenibilidad en el olivar al mantener los recursos dentro de la cadena productiva y reducir la cantidad de materiales que quedarían sin valorizar.
Su aportación económica llega a distintos agentes relacionados con la actividad oleícola. Las almazaras proporcionan la materia prima y las extractoras realizan el primer tratamiento. En el caso de las refinerías, continúan el proceso antes de que el producto llegue a las fases de envasado o comercialización.
18.000 empleos: un motor estable durante todo el año.
El sector orujero mantiene 18.000 puestos de trabajo, según el Informe Anual ORIVA 2024. De ellos, 3.000 son empleos directos y 15.000 corresponden a puestos indirectos. Las cifras se mantuvieron en niveles similares a los del ejercicio anterior.
Los empleos directos se encuentran principalmente en los centros extractores, las refinerías y las empresas operadoras. En el caso de los puestos indirectos están asociados a actividades necesarias para el funcionamiento de la industria, como la logística, la reparación de maquinaria o el suministro de materiales. Uno de los rasgos más relevantes es la continuidad del procesado del alpeorujo. Frente a otras actividades ligadas a periodos concretos de la campaña agrícola, esta continuidad permite sostener puestos de trabajo más allá de la época de recolección. En localidades donde el olivar ocupa una parte importante de la economía, disponer de actividad industrial durante más meses amplía las oportunidades laborales disponibles.
Un sector con proyección internacional.
La proyección internacional constituye otro de los principales indicadores económicos del sector. Durante la campaña 2023/2024 se exportaron más de 104.660 toneladas, por un valor superior a 425 millones de euros. Según los datos aportados por ANEO, el valor de las exportaciones creció un 32 % respecto a la campaña anterior. Los principales destinos de exportación fueron Italia, que concentra el 22% de las ventas exteriores, seguida de Estados Unidos (14%), México (9%), Portugal (5%), Reino Unido (5%), Emiratos Árabes Unidos (3%), China (2%) e India (1%).
Esta presencia fuera de nuestras fronteras pone de manifiesto la capacidad competitiva del sector y su importancia dentro del conjunto de la industria oleícola española. Al mismo tiempo, demuestra que el sector orujero constituye una actividad con impacto económico, fuerte arraigo territorial y una creciente proyección exterior, contribuyendo al desarrollo de las zonas rurales y al fortalecimiento del ecosistema del olivar.