No existe una cifra universal que pueda aplicarse a todos los árboles respecto a la absorción de CO₂. La capacidad de captura y almacenamiento de carbono de un olivar depende de las características de la plantación, del suelo, de las condiciones climáticas y de las prácticas de manejo. Por eso, para conocer su balance es necesario analizar cada explotación dentro de su contexto y aplicar una metodología concreta.
El olivo forma parte de la historia de la cuenca mediterránea desde hace milenios. Por ello, el Consejo Oleícola Internacional recoge evidencias de su presencia en la región desde tiempos antiguos y sitúa la expansión de su cultivo en estrecha relación con distintas civilizaciones mediterráneas. Esta trayectoria histórica explica su profunda vinculación con numerosos territorios, aunque su antigüedad no determina por sí misma su capacidad para capturar carbono.
Qué factores determinan cuánto CO₂ captura un olivar
La cantidad de carbono que puede almacenar un olivar depende de varios factores:
- Edad de los árboles
- Estructura de la plantación
- Características del suelo
- Régimen de secano o regadío
- Prácticas agrícolas
Esta diversidad hace que dos olivares puedan presentar balances distintos. Por ello, hablar de cuánto CO₂ absorbe un olivo exige evitar equivalencias generales por árbol y observar el entorno completo en el que se encuentra.
El tipo de olivar y las características de la plantación
El estudio realizado en el sur de España por investigadores de la Universidad de Córdoba analizó olivares con características diferentes. La investigación incluyó las variedades Picual y Arbequina y contempló plantaciones convencionales, intensivas y superintensivas, tanto de secano como de regadío.
Estas diferencias son relevantes porque la estructura de la plantación condiciona la biomasa presente y, por tanto, el carbono que puede quedar almacenado en los árboles. La investigación parte precisamente de la necesidad de estudiar olivares distintos en lugar de atribuir una única cifra a todo el cultivo.
El suelo también almacena carbono
La captura de carbono no se limita a la parte visible del olivo, sino que el suelo forma parte del sistema y constituye otro de los espacios en los que puede almacenarse carbono orgánico.
La investigación de la Universidad de Córdoba tuvo en cuenta tanto el carbono acumulado de forma estable en la biomasa del olivar como el secuestro de carbono en el suelo. Esta consideración resulta fundamental para comprender por qué la evaluación de un olivar no puede realizarse observando únicamente el árbol. El trabajo señala además que el comportamiento del carbono orgánico del suelo puede variar entre parcelas y estar condicionado por las prácticas de manejo aplicadas. Por ello, el suelo debe contemplarse como parte del balance global del olivar.
Las prácticas de manejo pueden modificar el resultado
La forma en la que se gestiona el terreno también influye. El estudio señala que determinadas prácticas de manejo del suelo, como el laboreo de conservación, el uso de cubiertas vegetales o la reincorporación de los residuos de poda, pueden incrementar el balance neto de carbono de las plantaciones estudiadas.
Esto sitúa las decisiones agronómicas dentro del análisis de la sostenibilidad del olivar. El resultado no depende solamente de las características del árbol, sino también de cómo se gestiona la explotación.
Cómo se calcula el balance neto de carbono
Para conocer el balance de un olivar existen diferentes métodos y herramientas. Uno de ellos es la herramienta desarrollada por el Consejo Oleícola Internacional para estimar el balance de CO₂ equivalente en olivares a partir de una geografía y unas prácticas de gestión determinadas.
La herramienta contempla las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de las prácticas de gestión y las absorciones de CO₂ vinculadas a la biomasa, la materia orgánica muerta y el suelo. El propio COI señala que se encuentra en fase piloto y advierte de que sus resultados no deben considerarse definitivos ni utilizarse como base para comunicaciones sobre desempeño ambiental durante esta fase de desarrollo. El organismo ha llevado a cabo además formaciones específicas para explicar los datos requeridos y la lógica empleada en los cálculos.
El estudio de la Universidad de Córdoba siguió un planteamiento que combina la captura estable de carbono en la biomasa y el suelo con las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las prácticas de cultivo. Por eso, absorber CO₂ y presentar un balance neto positivo no significan exactamente lo mismo. La absorción se refiere al CO₂ retirado de la atmósfera, cuyo carbono puede quedar almacenado en la biomasa y en el suelo, mientras que el balance neto tiene en cuenta también las emisiones asociadas al manejo del olivar.
Caso real: estudio de 1.121 hectáreas de olivar del sur de España
El trabajo Assessment of carbon sequestration and the carbon footprint in olive groves in Southern Spain, publicado en 2016 en la revista Carbon Management, permite observar esta cuestión sobre un conjunto concreto de explotaciones.
La investigación se desarrolló en olivares del sur de España sobre una superficie total de 1.121 hectáreas, en las que se seleccionaron 22 unidades homogéneas de plantación. Se estudiaron las variedades Picual y Arbequina en sistemas convencionales, intensivos y superintensivos, además de olivares de secano y regadío.
El conjunto de las plantaciones evaluadas presentó un balance neto de carbono claramente positivo. El artículo señala especialmente los olivares intensivos y superintensivos, para los que recoge balances medios de 2,05 y 4,10 toneladas de carbono por hectárea y año, respectivamente, dentro del conjunto estudiado.
La unidad de medida es importante para interpretar correctamente estos resultados. Las cifras están expresadas en masa de carbono por hectárea y año, no en CO₂ absorbido por árbol. Tampoco constituyen una media aplicable a todos los olivares. Son resultados correspondientes exclusivamente a las plantaciones analizadas y a la metodología empleada en esta investigación.
Por este motivo, los datos del estudio no permiten responder con una única cantidad a la pregunta de cuánto CO₂ absorbe un olivo. Sí permiten comprobar que la estructura de la plantación y su manejo forman parte de las variables que condicionan el resultado.
Qué significan estos datos para el cambio climático
El estudio muestra que el conjunto de plantaciones analizadas presentó un balance neto de carbono positivo, aunque los resultados variaron según las características del olivar y las prácticas aplicadas.
La principal lectura que puede extraerse al abordar la relación entre olivar y cambio climático es que la captura y el almacenamiento de carbono deben evaluarse atendiendo a las condiciones de cada sistema. Los resultados obtenidos en estas 1.121 hectáreas aportan información sobre las explotaciones incluidas en la investigación, pero no pueden trasladarse automáticamente al conjunto del olivar español.
Esta cautela resulta especialmente importante cuando hablamos de olivar y medioambiente. El análisis del carbono requiere tener en cuenta tanto lo que queda almacenado en el sistema como las emisiones asociadas a su gestión.
Conclusión: no existe una cifra única por olivo
La dimensión ambiental del olivar está estrechamente vinculada al territorio en el que se desarrolla. Su presencia forma parte desde hace generaciones de numerosos paisajes rurales y de la relación de sus poblaciones con el entorno.
Conocer mejor el balance de carbono permite incorporar una nueva perspectiva a esa relación. Analizar cada explotación mediante metodologías adecuadas ayuda a comprender cómo influyen sus propias características en el resultado y evita recurrir a cifras generales que pueden ocultar diferencias importantes entre olivares.
Por eso, ante la pregunta de cuánto CO₂ absorbe un olivo, la respuesta no está en una cantidad fija aplicable a cualquier árbol. Está en estudiar cada olivar dentro de sus condiciones concretas y comprender cómo funciona el conjunto. Esta forma de medir permite avanzar hacia una visión más precisa de la sostenibilidad del olivar español y del papel ambiental que puede desempeñar en los territorios donde lleva siglos formando parte del paisaje.